Las miserias del crecimiento
Pekín
reconoce que la lluvia ácida afecta a más de la mitad de las ciudades chinas, y
la contaminación a la sexta parte de los grandes ríos del país
Más de la mitad de las ciudades chinas están afectadas por
la lluvia ácida y una sexta parte de los principales ríos están tan
contaminados que su agua no es apropiada ni para el cultivo. "La situación
medioambiental en su conjunto es aún muy grave y se enfrenta a muchas
dificultades y desafíos", aseguró Li Ganjie, viceministro de Medio
Ambiente, informa Reuters.
La degradación que ha acompañado al desarrollo
chino es uno de los fracasos de un modelo considerado de éxito porque ha
permitido sacar de la pobreza a cientos de millones de personas y ha situado a
China como la segunda economía de mundo, tras Estados Unidos.
Las aguas de ciudades estrellas como Shanghái,
Guangzhou (Cantón) y Tianjin están clasificadas como gravemente contaminadas, y
solo algunas zonas alrededor de la turística isla de Hainan, en el sur, y parte
de la costa del norte están totalmente limpias. Únicamente el 3,6% de las 471
ciudades controladas registran un aire del máximo nivel de limpieza, afirmó Li,
quien añadió que China continúa perdiendo biodiversidad. El político insistió
en que la contaminación, en especial la debida a metales pesados, es "un
asunto grave" porque, según dijo, "no solo afecta seriamente a la salud
de la gente, sino a la estabilidad social".
El mes pasado se registraron en Mongolia Interior
las mayores protestas vividas en esta región autónoma en las dos últimas
décadas, debido al descontento existente entre la etnia mongola por el daño
medioambiental causado a sus tradicionales pastos por las explotaciones
mineras. La chispa que provocó las revueltas fue la muerte de un pastor
atropellado cuando intentaba impedir el paso de un camión de transporte de
carbón conducido por un han, la etnia mayoritaria en China. El conductor ha
sido condenado a muerte.
Muchos de los alrededor de seis millones de
mongoles chinos se quejan de que el flujo de han en la región -donde estos son
mayoría-, atraídos por los recursos minerales y energéticos, ha desplazado a
los pastores, dañado el suelo, provocado la muerte de ganado y amenaza su modo
de vida y su cultura.

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