La desigualdad, y no la escasez
de alimentos, impulsa la crisis alimentaria
La creciente crisis alimentaria, que ha dejado a millones de
personas sin lo suficiente para comer, tiene su raíz en la desigualdad. La
mayor parte de los mercados disponen de suficiente comida, pero su precio ha
subido más allá de lo que puede asumir la gente.
La disparidad de ingresos es particularmente severa en América Latina y el Caribe, recientemente
etiquetada como la región más desigual del mundo.
Diez de los 15 países más desiguales del mundo se encuentran
en esa región, según un informe que el Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo publicó en julio de 1010. El informe concluye que es posible reducir
la desigualdad a través de la implementación de políticas públicas.
La ONG española InspirAction pone de relieve cómo no hacer frente a la desigualdad ha impedido el
progreso de los Objetivos del Milenio. En particular, la desigualdad de
género e intergrupal tienen importantes consecuencias. Por ejemplo, las tasas
de mortalidad infantil son más altas entre la población indígena en una amplia
gama de países de Latinoamérica y el Caribe, llegando en algunos casos a ser
hasta tres veces mayor que entre la población no indígena.
Guatemala es un buen ejemplo de cómo la desigualdad se
relaciona con la pobreza alimentaria. Este país centroamericano es el quinto
mayor exportador mundial de café y azúcar, pero también ostenta el dudoso
record de ser el quinto país del mundo con más desnutrición crónica.
Esta situación no es casual, sino una consecuencia directa del régimen fiscal extremadamente
regresivo que tienen Guatemala y muchos otros países de América
Latina. Los más pobres pagan una proporción mucho más elevada de sus ingresos
en el equivalente del IVA y otros impuestos indirectos, mientras que la élite
comercial disfruta de un régimen muy generoso de los incentivos fiscales.
Hannah Richards, del equipo de Comunicación de InspirAction,
acaba de regresar de un viaje de investigación a Guatemala, donde visitó a
niños con desnutrición aguda. "Incluso
los agricultores que no pueden producir alimentos suficientes para alimentar a
su familia tienen que pagar impuestos sobre los escasísimos productos que tiene
que compran: sal, aceite, ropa”, indica Hannah. “Si el gobierno de Guatemala tiene
alguna posibilidad de superar los alarmantes índices de desnutrición infantil
entre sus ciudadanos, se necesitan ingresos. Y la única fuente confiable y
sostenible de esos ingresos es el impuesto."
Las recientes declaraciones del Vicepresidente de Guatemala,
Rafael Espada, en las que destacó el hecho de que el 50 por ciento de los niños
guatemaltecos menores de cinco años de edad están desnutridos, y señaló a los
impuestos como la clave para asegurar un progreso más amplio, resultan
alentadoras. En particular, el vicepresidente Espada hizo hincapié en el daño
causado al país por la evasión fiscal internacional en gran medida resultado de
las prácticas de las empresas multinacionales, y prometió el apoyo para las
medidas globales de transparencia financiera que InspirAction está tratando de
impulsar, que está haciendo campaña.
InspirAction ha estimado que Guatemala pierde más de 50
millones de dólares al año en ingresos fiscales a través de los flujos
financieros ilícitos en el comercio con la UE y los EE.UU.

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